Es dificil no sentir angustia por los avatares de la vida de Carlos el protagonista de la nota de Fernando Daddario, «La Cultura del Trabajo» (https://www.pagina12.com.ar/13583-la-cultura-del-trabajo). Despedido de su trabajo de ferroviario con 20 años de antiguedad, seguramente entre entre 1991 y 1994, remó en el cuentapropismo con un Kiosko durante el segundo mandato del gobierno justicialista de Carlos Menen, con su modelo de convertibilidad y de importaciones chinas; para luego caer en la informalidad, tras la crisis de 2001-2002, para manejar un Remis.
El autor plantea que hoy en 2017 Carlos nuevamente quedo sin trabajo tras los hechos del 10 de enero de 2017 en el barrio de Balvanera. Porque después del Remis consiguió un contrato precario en alguna Municipalidad del Conurbano (Quilmes o Moron, dice el autor) y en 2016 nuevamente fue despedido del Estado (aunque esta vez sin indemnizacion, dado que estaba precario), para caer en la informalidad como Mantero en Once y tras lo ocurrido el 10 del corriente, otra vez el sistema se lo comió crudo, lo masticó y lo escupió.
Mas allá que Carlos sea un protagonista de ficción en esta nota, el relato de su vida no es distante con el de la realidad de muchas personas en Argentina. Dos veces despedido del Estado, dos veces caido en la informalidad y amasijado por la picadora de carne que es el mercado informal de trabajo. Durante los últimos 23 años de su vida, entre 1993 y 2016 no tuvo ninguna certeza, seguridad, amparo, capacidad de ahorro, (quizás) cuenta bancaria, resguardo del algún tipo, acceso a crédito, tranquilidad para apoyar la cabeza en la almohada y dormir sin pensar es cómo será mañana; es decir, una informalidad absoluta.
Sin lugar a dudas que es dificil pensar un final feliz para Carlos o para su hijo, que con 15 años hoy, nacido en 2001, está limpiando vidrios habiendo dejado la escuela. Pasó por el sistema educativo, pero este no logró contenerlo para que encontrara una mejor salida que no sea la calle.
¿Que podemos reclamarle a Carlos si su hijo termina chorando celulares si él mismo fue víctima de un sistema nefasto que lo expulsó sistematicamente?
El asunto es, ¿Durante los últimos 23 o 24 años qué herramientas le dio el sistema a Carlos para que pueda construir una nueva vida laboral?, ¿Qué oportiunidades le dió el mercado laboral para asegurarle estabilidad y permitirle dar seguridad a su familia, a sus hijos en edad escolar, y que ellos puedan pensar que hay un camino posible que no sea la informalidad de la yeca?, ¿Por qué Carlos va a sentirse representado, sentirse parte, apenas relacionado con un Estado que no solo lo expulso de sus entrañas, sino que o le brindo herramienta u oportunidad alguna para poder reconstruir su vida?.
¿Cómo perdirle a Carlos, o a su hijo, que crea que realmente las cosas se pueden hacer adentro del sistema, de manera legal, formal, con esfuerzo, si en su último cuarto de vida nunca tuvo una señal positiva del Gobierno y todo su esfuerzo se fue en sobrevivir?
Como escribe dice el autor, parafraseando a un lector de Página|12:
“Acá no es cuestión, solamente, de bajar la edad de imputabilidad. En la Argentina hay que volver a la cultura del trabajo”.
La pregunta es, ¿Cuanto hace que el Gobierno no se preocupa por dar herramientas para que Carlos retorne a esta «cultura del trabajo», para qué su hijo crea en terminar la escuela, en el trabajo, en esos valores que tiene su padre? Haciendo numeros rápidos, diría que hace varios mandatos.
Ojalá podamos revertir esta picadora de carne que esta masticando y escupiendo a padres e hijos hace muchos años. Ojalá podamos ponernos los pantalones largos como generación y enfrentemos estos problemas para encontrar soluciones de fondo, de conjunto, pero entendiendo que se deben acabar los parches: el trabajo estatal para absorver la falencia del estado en su politica laboral, justificar la dignidad del trabajo marginal e ilegal como salida colectiva de clase tras el resultado fallido de un Estado (y una sociedad) que no se hace cargo y siempre patea la pelota afuera (al fondo, a los buitres, a la burguesia nacional, al capital internacional, a los medios concentrados, a los desestabilizadores, a los subsidios, al campo, a china, a bush, a los ciclos economicos, al modelo agroexportador, a la falta de cultura del trabajo, a todos, a vos, a mi…)
Buenos Aires, 11 de enero de 2017.-
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