
El año 2020 seguramente será recordado por el #Covid-19 y la pandemia que puso al mundo en pausa. El planeta entero, la economía y la circulación de personas y bienes se detuvo, por primera vez en la historia, para evitar que el virus se propague. Hoy el foco está puesto en evitar la mayor cantidad de muertes y en eso están puestos los esfuerzos de los gobiernos del mundo, pero hoy también debemos comenzar a pensar en el día después de la pandemia. El momento en el que el mundo vuelva a funcionar.
Porque hay una posibilidad de que el 2020 pueda ser recordado por el comienzo de un nuevo proceso, una nueva manera de pensar el desarrollo global. Pero para ello debemos entender el vínculo que esta pandemia tiene con la crisis ambiental que estamos viviendo, y que continuará (y puede agravarse), si el día después de la pandemia volvemos a nuestro business as usual, la manera que tenemos hace 200 años de explotar el capital natural del planeta.
Debemos hacernos cargo del destino, debemos tomar cartas en el asunto para proveer un futuro más saludable (evitar futuras pandemias), mas equitativo (reducir la desigualdad) y mas sostenible (recuperar el equilibrio ecológico).
Pero eso nos obliga a cambiar el chip, repensarnos como especie en la tierra responsable de nuestro destino y nuestro entorno, que lo que nos sucede, sea una Pandemia o el Cambio Climático, no es una tragedia sino consecuencia de nuestros actos. Eso es un cambio Antropológico.
La tragedia para nuestra cultura occidental moderna se explica como un evento desgraciado en el cual no tenemos participación ni responsabilidad, en el que la culpa es de algo externo (un virus, una plaga, un tsunami) y nosotros somo solo víctimas de esa “tragedia”.
Edipo Rey de Sófocles escrita en el año 430 a.c., es una obra de referencia hoy de la tragedia griega; presenta una forma de rebelión contra esa concepción del mundo en donde somos títeres del destino. Plantea un Ethos en donde los seres humanos somos responsables de nuestro propio destino: Edipo sufre porque asume la responsabilidad en el cumplimiento del oráculo (su destino), nadie excepto él mismo ha tomado las decisiones que llevaron a su desgracia.
La ética detrás de esta obra plantea que somos parte del mundo en el que se desenvuelven las desgracias que sufrimos, que también somos nosotros los que en ocasiones estamos contra nosotros mismos tomando las decisiones que tomamos. La incapacidad de comprender el todo del que formamos parte, sobre todo en estos momentos de hiper individualidad, hace que muchas veces seamos los colaboradores principales de nuestra ruina.
En algún punto de la historia nos escindimos de la naturaleza, del ciclo natural y nos auto-determinamos el centro del planeta. Esto se llama Antropocentrismo.
Claudio Ptolomeo, astrónomo griego del siglo II d.c. describe la Teoría Geocéntrica por la cual el planeta tierra estaba inmóvil en el centro del universo y las estrellas y planetas giraban a su alrededor. Este modelo estuvo vigente hasta el Siglo XVI d.c. cuando irrumpió la teoría Heliocéntrica de Copérnico, es decir transcurrieron 14 siglos hasta que, en el marco del Renacimiento, apareciera un nuevo paradigma que modificará la concepción de hombre en el universo. La Revolución Copernicana, sentó las bases para un nuevo modelo de pensamiento científico, económico, político, artístico; es decir: un cambio antropológico.
Con el dominio de la teoría antropocéntrica se genera el total desplazamiento de la referencia filosófica desde la naturaleza (ethos griego) y de Dios (edad media) hacia el Hombre como centro del universo (o al menos en nuestra cosmovisión occidental)
Este paradigma Antropocéntrico, que nos rige hace ya 6 siglos, hoy está poniendo en jaque la civilización; el Cambio Climático es resultado de un irresponsable manejo de los recursos naturales durante los últimos 200. El cataclismo climático impulsado por el mismo hacer de nuestra civilización moderna está empujando a la tierra hacia sus límites bióticos y lamentablemente lo entendemos como una tragedia; todos los días cuando vemos oso polares flotar sobre pequeños pedazos de hielo; ciudades enteras inundarse tras tormentas épicas; peces y aves muertas, secos en las playas con sus estómagos repletos de plásticos, o kilómetros de corales que pierden su brillo tornándose en un gris amarronado, que es un claro reflejo de su agonía, lo entendemos como si una peste (como la que supo caer sobre Tebas) estuviera asolando el mundo.
Podemos decir que el Cambio Climático es más una tragedia griega que una tragedia moderna. Somos Edipo Rey, aunque no nos hacemos cargo que somos nosotros mismos quienes nos infligimos esta desgracia y esta condena; y en lugar de quedarnos ciegos por la vergüenza de nuestros actos simplemente elegimos no pensar, entenderlo como algo ajeno.
Por suerte comienza verse un nuevo ethos dando vuelta por el planeta, una nueva manera de pararse en el mundo. Una nueva conciencia antropológica, en donde el Ser Humano, que es el leit motive del antropoceno, ya no sigue estando en el centro del paradigma. Un Ethos que busca una unidad entre nosotros como especie y el resto de la naturaleza, proceso necesario para repensar nuestro rol en el planeta y lograr un modelo de desarrollo sostenible.
Esta nueva Conciencia Antropológica que busca frenar el Cambio Climático busca repensar la manera de producir, de consumir y de tirar; elige la dieta vegetariana o vegana, y contempla los derechos de los animales como algo fundamental. Existe un vínculo, un diálogo que la enmarca con otras búsquedas en la ampliación de derechos sociales como ser la unión civil, el aborto y el feminismo.
Es un gesto novedoso, en esta modernidad tardía, el elegir hacerse cargo del destino colectivo, entender la Tragedia del Cambio Climático como responsabilidad de nuestras actos y que solo nosotros, como civilización, podemos tomar acciones al respecto.
Este nuevo paradigma puede ser tan potente como una nueva Revolución Copernicana para sentar las bases de un nuevo modelo de desarrollo; de pensamiento científico, económico, político, artístico, antropológico; pero primero debe superar tres elementos:
- Vencer la resistencia del paradigma Antropocéntrico y las «verdades» sobre el que se cimienta.
- Este movimiento tiene el desafío de trabajar con los recursos y estructuras políticas hasta ahora existen y que se enmarcan en el antropoceno para renovarlas y actualizarlas.
- Debe ganarle al tiempo, porque no tenemos siglos, sino apenas 30 años para modificar la manera en que nos paramos en la tierra y evitar la catástrofe climática.
Grandes desafíos nos esperan. Tanto para cambiar la manera de hacer, y mejorar nuestra manera de Ser en la tierra, o para poder sobrevivir a la no acción en un mundo fututo probablemente inhabitable.
jjv, abril 2020
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