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Hoy vivimos una situación global completamente novedosa, donde muchas de las teorías socio/políticas pueden quedar “fuera de juego”. Frente a esto creo que hay tres autores contemporáneos que brindan nuevas herramientas para entender las complejidades del hoy.

El auto Italiano Alessandro Baricco, filósofo nacido en Turín en 1958. Autor de varias novelas, guiones de películas y obras de teatro. En 2008 escribió “Los bárbaros. Ensayo sobre la mutación”, Editorial Anagrama, donde plantea el diálogo entre el centro de poder y la periferia desde diversos puntos de vista: la música clásica, la cultura editorial, los vinos y el fútbol. En 2018 escribe “The Game” donde realiza una genealogía del mundo digital contemporáneo, de los orígenes de la revolución virtual que hoy vivimos.

Se podría decir que es un optimista sobre el futuro, que el vínculo entre hombre y tecnologia podria ser virtuoso, donde las reglas del mercado capitalista pueden modificarse, y el rol del individuo toma otra centralidad.

El filósofo surcoreano Byung-Chul Han nacido en Seúl en 1959 experto en estudios culturales y profesor de la Universidad de las Artes de Berlín. Escribe en idioma alemán y está considerado como uno de los filósofos más destacados del pensamiento contemporáneo por su crítica al capitalismo, la sociedad del trabajo, la tecnología y la hipertransparencia. El trabajo actual de Han se centra en la «transparencia» como norma cultural creada por las fuerzas del mercado neoliberal, que él entiende como el insaciable impulso hacia la divulgación voluntaria de todo tipo de información que raya en lo pornográfico. Según Han, los dictados de la transparencia imponen un sistema totalitario de apertura a expensas de otros valores sociales como la vergüenza, el secreto y la confidencialidad.

Tiene una visión más oscura del futuro, en donde el hombre queda desprotegido frente al avance de la tecnología como tecnologías de control y dominación a dispensas de los estados y de un sistema de explotación capitalista.

El pensador israelí Yuval Noah Harari nacido en 1976, es historiador y profesor en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Entre sus obras se encuentran Sapiens: De animales a dioses, Homo Deus: Breve historia del mañana y 21 lecciones para el siglo XXI. Harari expone en sus libros la evolución del hombre hasta alcanzar en los tiempos presentes una posición privilegiada que le obligaría a ser consecuente con su humanidad globalizada y compleja en la que una de las pocas guías debe ser la educación abierta, el abandono de los relatos parciales e inútiles de la religión, el nacionalismo y muchos otros, la lucha contra el dolor individual y social innecesario, y la asunción responsable de los nuevos retos biotecnológicos y bioinformáticos.

Se puede plantear que Harari es un medio entre los otros dos autores, manteniendo una esperanza en el avance tecnológico con muchísimas salvaguardas a niveles políticos y sociales para no caer en un nuevo techno-totalitarismo.

A continuación algunas transcripciones de ellos sobre el tema de la pandemia de #Coronavirus.

Alessandro Baricco: “La democracia en este momento funciona como sistema de emergencia”, dice a continuación. Es la ambulancia que acude a nuestro rescate. “De ahí la confianza que, de repente, le tenemos. Venimos de años de crisis profunda de confianza con la clase política y científica, y en una semana es lo único que tenemos. Parece que solo somos capaces de vivir juntos cuando se nos obliga a ser disciplinados. Y esto está siendo solo un ensayo general. Pasaremos los próximos 50 años así. El planeta se está acabando”. Para Baricco, el Game es la piel digital de la que estamos hechos desde hace al menos una década. La sociedad de lo lúdico y lo virtual, la sociedad de la superficie. Aquella en la que, como sugiere al inicio del libro, parece haberse producido una involución en la manera de ser del ser humano, que ahora prefiere “ejecutar las cosas rápida y superficialmente”. “Incapaces de concentrarse, dispersos en una estéril multitarea, siempre pegados a cualquier ordenador, vagábamos por la corteza de las cosas sin otra razón aparente que no fuera la de limitar la posibilidad de una aflicción”, escribió al respecto. De eso no vamos a escapar, añade. “Nada de lo que está ocurriendo habría sido posible antes de la revolución digital. Esta es la primera gran epidemia de la época del Game”.

“No podríamos cerrar un país de la manera en que lo estamos haciendo sin los instrumentos digitales de que disponemos”, asegura. “Hace diez años, algo así hubiera sido impensable”.“No habríamos visto imágenes de lo que ocurría en China. Cuando hubiese llegado aquí, todo hubiese sido nuevo. Esto nos va a lanzar al futuro definitivamente”.

“Las obras maestras ya no existen. En un mundo en completo movimiento, no interesa lo que no se mueve, lo que permanece. Diría que la última obra maestra que se ha escrito es Pastoral americana, de Philip Roth”, sentencia. La paciencia, cree Baricco, no es un valor ya. Y nadie necesita los finales. “El final lo pones tú, hoy en día, cuando decides dejar de ver una serie. Se acabaron las novelas que cobraban sentido al final, como Madame Bovary o Moby Dick”, asevera. ¿Se detendrá la sociedad del movimiento por el miedo a un próximo coronavirus? “Dudo de que la gente deje de viajar después de esto, lo necesitamos. No volveremos atrás”.

Byung-Chul Han  “La amenaza del terrorismo ya bastante nos lleva a someternos a medidas denigrantes de seguridad en los aeropuertos sin oponer la menor resistencia. Con los brazos en alto dejamos que nos escaneen el cuerpo. Permitimos que nos palpen en busca de armas ocultas. Cada uno de nosotros es un terrorista en potencia. El virus es terrorismo que viene del aire, representa una amenaza considerablemente mayor que la del terrorismo islámico. Resulta intrínseco a la lógica de todo esto pensar que la pandemia tendrá consecuencias que transformarán al conjunto de la sociedad en una zona de seguridad, en una cuarentena permanente en la que cada uno será tratado como un potencial portador del virus.”
“En Asia, lugares como Taiwán, Hong Kong, Singapur, Corea del Sur o Japón supieron controlarla con relativa rapidez. ¿A qué se debe esto? ¿Qué ventajas sistémicas evidencian los países asiáticos? En Europa y en Estados Unidos el virus se encuentra con una sociedad liberal en la que se propaga sin esfuerzo. ¿Acaso el liberalismo tiene la culpa del fracaso europeo? ¿Será que el virus se siente a gusto en el sistema liberal?”
“La sociedad liberal no contempla la posibilidad de hacer de las personas, individualmente, el objeto de la vigilancia, por eso no le queda más remedio que el shutdown, con consecuencias económicas masivas. Occidente llegará pronto a una conclusión fatal: que lo único capaz de evitar el cierre total es una biopolítica que permita tener acceso ilimitado al individuo. Occidente concluirá que la protegida esfera privada es justamente lo que ofrece refugio al virus. Pero reconocer esto significa el fin del liberalismo.”
“En China esta vigilancia total es posible porque no existe restricción alguna al intercambio de datos entre los proveedores de internet y de telefonía móvil y las autoridades. Así que el Estado sabe dónde estoy, con quién me encuentro, qué estoy haciendo en este momento, qué ando buscando, en qué pienso, qué compro, qué como. Cualquiera que salga de la estación de trenes de Beijing es capturado por una cámara que mide su temperatura corporal. Si tiene temperatura alta, se informa por teléfono móvil a todas las personas que iban en el mismo vagón. El sistema sabe quién, cuándo y dónde iba sentado en el tren. Y las personas potencialmente infectadas se detectan usando solo datos tecnológicos.”
“El modelo asiático para combatir el virus no es compatible con el liberalismo occidental. La pandemia pone en evidencia la diferencia cultural entre Asia y Europa. En Asia sigue imperando una sociedad disciplinaria, un colectivismo con fuerte tendencia al disciplinamiento. Se aplican sin más medidas disciplinarias radicales que encontrarían fuerte rechazo por parte de los europeos. No se las percibe como restricción de los derechos individuales sino como cumplimiento de deberes colectivos.”
“La pregunta que nos deberíamos hacer es: ¿por qué toda esta vigilancia digital, que está teniendo lugar de todas formas, debería detenerse ante el virus? Es probable que la pandemia haga caer ese umbral de inhibición que venía impidiendo que la vigilancia se extendiera biopolíticamente al individuo. La pandemia nos lleva hacia un régimen de vigilancia biopolítica. En medio de la conmoción causada por la pandemia, ¿se verá Occidente obligado a abandonar sus principios liberales? ¿Corremos el riesgo de volvernos una sociedad de cuarentena biopolítica que restrinja de manera permanente nuestra libertad ? ¿Es China el futuro de Europa?”

Yuval Noah Harari “La humanidad ahora se enfrenta a una crisis global. Quizás la mayor crisis de nuestra generación. Las decisiones que las personas y los gobiernos tomen en las próximas semanas probablemente darán forma al mundo en los próximos años. Darán forma no solo a nuestros sistemas de salud, sino también a nuestra economía, política y cultura. Debemos actuar rápida y decisivamente. También debemos tener en cuenta las consecuencias a largo plazo de nuestras acciones. Al elegir entre alternativas, debemos preguntarnos no solo cómo superar la amenaza inmediata, sino también qué tipo de mundo habitaremos una vez que pase la tormenta. Sí, la tormenta pasará, la humanidad sobrevivirá, la mayoría de nosotros aún viviremos, pero habitaremos en un mundo diferente. “
“En su batalla contra la epidemia de coronavirus, varios gobiernos ya han implementado las nuevas herramientas de vigilancia. El caso más notable es China. Al monitorear de cerca los teléfonos inteligentes de las personas, hacer uso de cientos de millones de cámaras que reconocen la cara y obligar a las personas a verificar e informar sobre su temperatura corporal y condición médica, las autoridades chinas no solo pueden identificar rápidamente portadores sospechosos de coronavirus, sino también rastrear sus movimientos e identificar a cualquiera con quien hayan entrado en contacto. Una variedad de aplicaciones móviles advierten a los ciudadanos sobre su proximidad a los pacientes infectados. Este tipo de tecnología no se limita al este de Asia. El primer ministro Benjamin Netanyahu de Israel recientemente autorizó a la Agencia de Seguridad de Israel a desplegar tecnología de vigilancia normalmente reservada para combatir a los terroristas para rastrear a los pacientes con coronavirus. Cuando el subcomité parlamentario pertinente se negó a autorizar la medida, Netanyahu la aplicó con un decreto de emergencia. Una transición dramática de la vigilancia “sobre la piel” a “bajo la piel”. Hasta ahora, cuando su dedo tocaba la pantalla de su teléfono inteligente y hacía clic en un enlace, el gobierno quería saber exactamente en qué estaba haciendo clic. Pero con el coronavirus, el foco de interés cambia. Ahora el gobierno quiere saber la temperatura de su dedo y la presión arterial debajo de su piel.”
“Incluso cuando las infecciones por coronavirus se reducen a cero, algunos gobiernos hambrientos de datos podrían argumentar que necesitan mantener los sistemas de vigilancia biométrica en su lugar porque temen una segunda ola de coronavirus, o porque hay una nueva cepa de Ébola en África central, o porque… entiendes la idea. Se ha librado una gran batalla en los últimos años por nuestra privacidad. La crisis del coronavirus podría ser el punto de inflexión de la batalla. Para cuando las personas tienen la opción de elegir entre privacidad y salud, generalmente elegirán la salud.”
“Pedirle a la gente que elija entre privacidad y salud es, de hecho, la raíz del problema. Porque esta es una elección falsa. Podemos y debemos disfrutar tanto de la privacidad como de la salud. Podemos elegir proteger nuestra salud y detener la epidemia de coronavirus no instituyendo regímenes de vigilancia totalitaria, sino empoderando a los ciudadanos. “
“Pero para lograr ese nivel de cumplimiento y cooperación, necesita confianza. La gente necesita confiar en la ciencia, confiar en las autoridades públicas y confiar en los medios de comunicación. En los últimos años, los políticos irresponsables han socavado deliberadamente la confianza en la ciencia, en las autoridades públicas y en los medios de comunicación. Ahora, estos mismos políticos irresponsables podrían verse tentados a tomar el camino al autoritarismo, argumentando que simplemente no se puede confiar en que el público haga lo correcto.”
“La epidemia de coronavirus es, por lo tanto, una prueba importante de ciudadanía. En los días venideros, cada uno de nosotros debería optar por confiar en los datos científicos y los expertos en atención médica sobre las teorías de infundadas y los políticos egoístas. Si no tomamos la decisión correcta, podríamos encontrarnos renunciando a nuestras libertades más preciadas, pensando que esta es la única forma de salvaguardar nuestra salud.”
“La humanidad necesita tomar una decisión. ¿Recorreremos el camino de la desunión, o adoptaremos el camino de la solidaridad global? Si elegimos la desunión, esto no solo prolongará la crisis, sino que probablemente dará lugar a catástrofes aún peores en el futuro. Si elegimos la solidaridad global, será una victoria no solo contra el coronavirus, sino contra todas las futuras epidemias y crisis que podrían asaltar a la humanidad en el siglo XXI.”

jjv.


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