
Actualmente el litio es esencial para la vida cotidiana debido a su uso en baterías recargables de ion-litio, que alimentan desde teléfonos móviles y laptops hasta vehículos eléctricos. Su papel en la transición hacia fuentes de energía más sostenibles y en la lucha contra el cambio climático lo convierte en un recurso estratégico de vital importancia
El litio es uno de los elementos más antiguos del universo, formado durante el Big Bang hace aproximadamente 13.8 mil millones de años. Aunque es relativamente raro en la Tierra, se encuentra en pequeñas cantidades en muchos minerales y en aguas termales o salmueras. Su presencia en el universo se ha rastreado a través de estudios astronómicos, observando la luz de estrellas y galaxias lejanas, siendo antiquísimo; conectándonos con el inicio mismo del universo.
El nombre «litio» proviene del griego «lithos«, que significa «piedra». Fue descubierto en 1817 por el químico sueco Johan August Arfvedson, mientras analizaba un mineral llamado petalita. Aunque Arfvedson identificó el nuevo elemento, no pudo aislarlo en su forma pura. Recién fue el químico inglés Humphry Davy quien logró aislar el litio en 1818 mediante la electrólisis del cloruro de litio. Pero recién en 1855 dos químicos, Robert Bunsen y Augustus Matthiessen, lograron aislar Litio en una cantidad lo suficientemente grande como para estudiar sus propiedades. Lo hicieron pasando una corriente eléctrica a través de cloruro de litio fundido. Y por fin, la humanidad pudo contemplar el metal más ligero en su forma pura.
Descubrir el litio y aprovechar el litio son procesos diferentes.
Durante la segunda mitad del siglo XIX al litio se lo relacionó con una cura para diferentes trastornos, sobre todo de melancolía, la depresión y dolores corporales. Tanto fue así que a finales de siglo el Sweetwater Park Hotel de Lithia Springs era un destino turístico terapéutico para personajes como Mark Twain, la familia Vanderbilt y los presidentes Cleveland, Taft, McKinley y Theodore Roosevelt. Frente a esta fama, el propietario del hotel comenzó a embotellar el agua del manantial y a enviarla a todo el país, incluso a la Casa Blanca.
Esta creencia fue aplicada en estudios psiquiátricos y para inicios del siglo XX comenzó el uso del litio en pacientes maníaco-depresivos. En 1949, el psiquiatra australiano John Cade descubrió que el carbonato de litio podría estabilizar el estado de ánimo en pacientes con trastorno bipolar, reduciendo los episodios de manía y depresión. Este descubrimiento revolucionó el tratamiento de los trastornos del estado de ánimo, convirtiendo al litio en uno de los primeros estabilizadores del estado de ánimo efectivos. Estos tratamientos siguen actualmente recurrentemente, al punto tal que científicos afirman que se debería incorporar microdosis de litio en el agua potable como se hizo con el flúor para reforzar los dientes.
A inicios del siglo XX dos pioneros como Henry Ford y Thomas Edison, dos gigantes de la innovación, colaboraron en un proyecto de desarrollo de un automóvil eléctrico. En 1914, Ford y Edison comenzaron a trabajar juntos en la creación de una batería de níquel-hierro para autos eléctricos, ya que Edison tenía gran interés en la electricidad como fuente de energía para vehículos. Aunque en ese tiempo no lograron encontrar la manera para usar litio, esta colaboración sentó las bases para el desarrollo de las baterías y de los vehículos eléctricos de hoy en día.
Actualmente el litio es esencial para la vida cotidiana debido a su uso en baterías recargables de ion-litio, que alimentan desde teléfonos móviles y laptops hasta vehículos eléctricos. Su papel en la transición hacia fuentes de energía más sostenibles y en la lucha contra el cambio climático lo convierte en un recurso estratégico de vital importancia.
Sin olvidar el gran impacto que el uso del litio tuvo en las terapias frente a la depresion y el suicidio.
El litio ha transformado la tecnología de las baterías, con el desarrollo de baterías de ion-litio que son ligeras, recargables y de alta capacidad que han revolucionado la electrónica portátil, son clave para entender la revolución que significa internet y los smartphones, y con estos avances y retroalimentación, están impulsando la transición hacia vehículos eléctricos.
Las baterías de ion-litio fueron inventadas en la década de 1970 por John Goodenough, Stanley Whittingham y Akira Yoshino, quienes compartieron el Premio Nobel de Química en 2019 por su trabajo.
La clave para destrabar el futuro energético, el litio.
Después de la crisis del petróleo de 1973, los científicos continuaron donde lo dejó Edison y Henry Ford y exploraron la energía potencial del litio. En ese momento, Exxon comenzó a invertir dinero en el desarrollo de baterías como alternativa a los hidrocarburos. Entre los científicos empleados en los laboratorios de investigación de la compañía en Nueva Jersey se encontraba un estadounidense nacido en Gran Bretaña llamado M. Stanley Whittingham, quien pensaba que la clave obvia para crear baterías poderosas y livianas residía en el metal más liviano de la tabla periódica: el litio.
En el comienzo, la alta reactividad del litio metálico llevó a la búsqueda de alternativas más seguras. Los científicos se dieron cuenta de que necesitaban encontrar maneras de mitigar los riesgos asociados con las baterías de litio metálico. John Goodenough continuó el trabajo de Whittingham y en 1980, descubrió que cuando combinaba litio con óxido de cobalto, la batería resultante era más segura y tenía un voltaje mucho más alto, lo que le permitía alimentar dispositivos más grandes. Esta química todavía se utiliza en la mayoría de las baterías de iones de litio en la actualidad. Usando esta base, Akira Yoshino logro agregarle grafito y en 1991 Sony lanzó la primera batería de ion-litio comercial que utilizaba un cátodo de óxido de cobalto de litio y un ánodo de grafito, eliminando el uso de litio metálico puro y mejorando significativamente la seguridad.
Actualmente las investigaciones en curso son para aumentar su densidad energética y reducir los tiempos de carga; se están explorando alternativas como las baterías de estado sólido, proponiendo una aplicación diferente del Litio y que podrían ofrecer mejoras significativas en términos de seguridad y rendimiento.
Argentina podría aprovechar las oportunidades y ventajas que tiene gracias a la existencia del recurso en su territorio y una fuerte tradición en el campo de la Química que existe en su aparato Científico-Técnológico (Luis Federico Leloir (1906-1987) que recibió el Premio Nobel de Química en 1970). El país puede ser líder en nuevas aplicaciones y mejoras de este metal crucial para el futuro.
Las baterías de ion-litio son la clave para un futuro más digital y descarbonizado. Tal como los enclaves y la distribución de petróleo y gas fueron fundamentales para el impulso de los automóviles a combustión, hoy la minería de Litio representa una actividad estratégica. Argentina es parte del «triángulo del litio,» junto con Bolivia y Chile, una región que contiene más del 50% de las reservas mundiales de litio. La posibilidad de exportar este metal por parte de Argentina es crucial para el mercado global, ya que la demanda de litio sigue aumentando debido al crecimiento de la industria de baterías para vehículos eléctricos y dispositivos electrónicos.
Es importante destacar algunos datos: El litio es, junto al hidrógeno y el hélio, el tercer elemento fundamental. Estos fueron los tres primeros elementos que se crearon en el universo post Big Bang. A diferencia de estos dos, que son gases, el litio es un metal. El hidrógeno y el helio están presentes en diferentes abundancias en el planeta; por ejemplo, el hidrógeno forma parte de toda el agua del planeta. Sin embargo, la abundancia del litio es aproximadamente 0.002% del peso de la corteza terrestre. A pesar de su baja abundancia, el litio tiene un rol fundamental en el funcionamiento de la tecnología moderna y es crucial para los próximos pasos de la transición energética de la humanidad.
El rol del litio en argentina, el rol de argentina en el mundo.
La capacidad de Argentina para extraer y procesar litio tendría un impacto significativo en el mercado mundial y en el desarrollo del país. Con el aumento de la demanda, las reservas argentinas podrían posicionarse como una fuente clave para satisfacer las necesidades globales, impulsando la economía local y atrayendo inversiones extranjeras. El RIGI es un intento para promover esto, aunque por ahora no hay claridad en ¿cómo se hará esa explotación y a quiénes traerá beneficios mediante ella?.
Para la Argentina la oportunidad de agregar valor a su producción de litio mediante la inversión en tecnologías de procesamiento y fabricación de baterías; desarrollar una cadena de valor completa en el país no solo aumentaría los ingresos sino también generaría empleo y desarrollo tecnológico. También el reciclaje de baterías de ion-litio es un campo en crecimiento que ofrece la posibilidad de reutilizar este material que es valioso y escaso. además de reducir el impacto ambiental; ya que invertir en tecnologías de reciclaje y mejora de eficiencia no solo es beneficioso desde un punto de vista económico, sino también ambiental.
Hemos transitado por eones hasta los orígenes del metal que fue fundante del universo y que ahora puede cambiar la historia de la humanidad y, además, es un elemento clave para que Argentina deje atrás años de estancamiento. Conocimos también cómo este elemento liviano, escaso, y clave para entender el mundo contemporáneo, tiene un rol súper relevante en el tratamiento del trastorno maníaco-depresivo. También vimos como su uso no era extremadamente reciente.. En este sentido, todavía no conocemos todo lo que este metal puede ofrecernos para transformar nuestras vidas; por lo tanto hay que invertir en I+D para explotar todo su potencial.
Pero tal cómo describimos en las notas anteriores: sobre la calidad institucional del RIGI y la ausencia de modelo de gestión de los recursos no renovables, el Litio es un elemento muy importante, pero sin un plan y una estrategia a mediano plazo (30 años) sobre cómo reinvertir el capital natural que significa el litio, no habrá un desarrollo sostenible para la Argentina. No tendremos un complejo científico tecnológico que aporte valor y conocimiento a este metal, no tendremos empleos de alta calificación que mejore la eficiencia del metal en baterías o en celdas fotovoltaicas, no tendremos tecnología aplicada para no solo extraer, sino también reciclar este recurso que ya es – y cada vez será más – fundamental para nuestra vida en un siglo XXI digital y descarbonizado.

Deja un comentario