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La Inteligencia Artificial (IA) nos enfrenta a grandes cambios y desafíos.
Usamos cotidianamente las herramientas con algoritmos, nos rodean, nos entusiasman y nos preocupan a la vez. La IA nos propone un nuevo paradigma laboral, educativo, de información, de arte y entretenimiento y mucho más.

Pero a su vez el cambio tecnológico acompañó nuestra vida como especie. Desde el descubrimiento del fuego, por algún primo Homo erectus hace unos 500.000 a.a.1 no dejamos de incrementar nuestros desarrollos técnicos y tecnológicos. De alguna manera somos hijos de la innovación constante.

Entre el descubrimiento del fuego (500.000 a.a.) hasta que nos asentamos como comunidades agrícolas, capaces de desarrollar escritura y sociedades complejas (10.000 a.a.) los cambios fueron sucediendo de manera más o menos lenta.

Recién, hace 100.000 a.a. el clima se estabilizó y aseguró un período único en la historia del planeta en que la temperatura global promedió los 15°; donde se estabilizaron las condiciones para que existan cuatro estaciones, un clima templado y confortable, con la flora y la fauna que hoy conocemos, con nosotros, seres humanos, habitando el planeta.

Es decir, mientras que en la técnica y tecnología la innovación y el cambio fue una constante en nuestro desarrollo como especie, el clima y los fenómenos meteorológicos (sequía y lluvias, Incendios forestales, olas de calor y frío, Inundaciones, desprendimiento de tierras, temporadas de ciclones, tornados y tormentas de viento, etc) fueron lo suficientemente estables y repetitivos para que, aunque no pudiéramos preverlos, logremos entenderlos dando las condiciones para asentarnos, cultivar, criar animales, crear comunidades y hacerlas crecer.

Esa constante, con pequeñas variaciones, podemos llamarla Régimen Climático. Quizás nosotros seamos los últimos seres humanos en compartir el mismo Régimen Climático con aquellas civilizaciones ancestrales.

Gran parte de California fue devastada por el mayor incendio de la historia de esa ciudad generando imágenes apocalípticas.
Hace pocos meses Valencia fue azotada por una tormenta devastadora, con su costo enorme en vidas y bienes.
En Mendoza 4000 hectáreas de vides fueron afectadas por una tormenta de granizo como nunca antes, mientras ya comenzó la nueva temporada de incendios forestales en el parque nacional Nahuel Huapí en Neuquén.

En medios de todo el mundo puede verse como diariamente suceden fenómenos climatológicos extraordinarios que afectan vidas y bienes como nunca antes. ¿Por qué?

Porque las ciudades donde vivimos, los lugares donde producimos alimentos, las rutas y conexiones que creamos se desarrollaron y crecieron en un Régimen Climático que nos parecía constante y por lo tanto seguro y predecible.

Pero a diferencia de la IA no somos protagonistas, no participamos del cambio, y no tenemos la menor capacidad de intervenir en él.
Si la llegada de la IA nos presenta desafíos desde lo cognitivo, aunque estamos acostumbrados a cambios tecnológicos, podemos preguntarnos cómo reaccionaremos frente a la pérdida de una certeza tan fundamental como el Régimen Climático.
¿Qué nos pasará individual y colectivamente si perdemos la capacidad de predecir o confiar en el clima?

¿Cómo adaptamos nuestras ciudades, nuestra vida comunitaria, nuestra producción de alimentos frente a incendios, inundaciones, sequías, granizos que ya no suceden como siempre y no podemos saber cómo van a suceder el próximo año?

Siempre se creyó que el clima influye en el carácter, que los días soleados ayudan a buen humor y los grises a la tristeza. Mery Shelly escribió Frankenstein en 1816, un año tan terrible que sería conocido en Europa como “el año sin verano”. 

¿Qué impactos en la cultura del siglo XXI tendrá este nuevo Régimen Climático y la consecuente incapacidad de prever?

Esas preguntas son, quizás, las que paradójicamente nos ayude a responder la Inteligencia artificial.

(Gracias DH por los aportes. Gracias Agus por las charlas. Chelo y Lu por los comentarios)

  1. Años a la actualidad ↩︎


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