
En casi todos los gobiernos del mundo, el mantra es el mismo: «hay que ajustar el Estado» «hacerlo más eficiente». Es el eslogan de la época. Las cuentas no cierran, el déficit asusta, la deuda aprieta. Y entonces llega la receta infalible: recorte, eficiencia, disciplina fiscal. La política se volvió contabilidad.
La búsqueda de ajuste y eficiencia en el Estado se vincula con la necesidad de aumentar la performance de la economía. Se cree que un Estado más ágil permitirá un mayor crecimiento. Pero la verdadera ineficiencia sistémica no reside en la burocracia sino en el uso de los recursos del planeta. El verdadero presupuesto que debe regirnos son los límites planetarios. Kenneth Boulding lo advirtió en 1966 con la «economía del astronauta», y Georgescu-Roegen lo reforzó: la economía es un subsistema dentro del ecosistema planetario.
Está bien cuestionar las ineficiencias, pulirlas, buscar un Estado más ágil y menos oneroso. Pero, ¿estamos dispuestos a aplicar la misma lógica a todo lo ineficiente? Pensemos en los combustibles fósiles, que reciben billones de dólares en subsidios, contaminan sin costo para las empresas y, en ese mercado distorsionado por el Estado, ralentizan la transición energética.
Por eso es necesario, al estilo de Elon Musk, un DOGE Ecológico (Departamento de Optimización del Gasto Ecológico), que extienda la lógica de la eficiencia a todo el sistema. Su objetivo: asegurar la satisfacción de las necesidades humanas en el marco del funcionamiento equilibrado del planeta, un desarrollo económico dentro de los límites ecológicos del planeta.
La Gran Ficción Económica: «Los Combustibles Fósiles son Competitivos”
Los combustibles fósiles no son competitivos; son subsidiados. Y no un poco. Según el FMI, en 2023 los subsidios globales explícitos e implícitos a los combustibles fósiles superaron los US$ 7 billones anuales. Una cifra que minimiza cualquier debate sobre ajustes nacionales.
¿De verdad creemos que el gasoil, el gas o el carbón serían viables en un mercado libre? ¿Pensamos que la economía mundial elegiría petróleo si tuviera que pagar su costo real ambiental, sanitario, climático y geopolítico?
Sin subsidios, sin externalidades ocultas, sin protección artificial para la industria fósil: la eólica es más barata, la solar es más barata, el almacenamiento energético es más barato, la eficiencia energética es infinitamente más barata.
El problema no es económico; es político. Si mañana se decidiera quitar el entramado de subsidios que sostiene al viejo sistema, la transición energética no tardaría 30 años, sino que se aceleraría drásticamente en la próxima década. Si el mercado realmente “eligiera”, ya habría elegido. Lo que ocurre es que los Estados, con nuestros impuestos, están financiando la obsolescencia.
El Verdadero “Ajuste” que Debemos Hacer
Si vamos a discutir eficiencia del gasto público, ¿por qué nadie toca los subsidios a las actividades que generan emisiones de GEI, destruyen biodiversidad, contaminan aire y agua? ¿Por qué el ajuste siempre empieza por las escuelas o la cultura, pero nunca por los US$ 700.000 millones que los países del G20 canalizan cada año a la industria fósil?
¿Por qué discutimos si recortar el salario de un maestro, pero no por qué pagamos para que el diésel transporte alimentos 3.000 kilómetros cuando ese precio no incluye el carbono emitido ni la contaminación que respiramos?
Hasta hace algunos años no existían opciones para dejar atrás los combustibles fósiles. Ese monopolio les permitió hacer el lobby para asegurar esta cobertura, pero hoy hay opciones para dejar atras nuestra dependencia y gasto ineficiente para subvencionar combustibles fósiles.
Por eso, el DOGE Ecologista no propone solo un recorte, sino un mecanismo de compensación social: el dinero liberado de subsidiar fósiles se transforme en inversión directa en infraestructura verde y transporte público, asegurando que la transición sea justa y equitativa.
Una Utopía Posible
Un DOGE Ecologista no es un ajuste fiscal verde. No es castigar a nadie. Es algo mucho más complejo y esperanzador:
Propone reorganizar el proceso económico para que opere dentro de los límites planetarios. Es decir:
- Dejar de gastar recursos naturales como si fueran infinitos.
- Dejar de subsidiar actividades que destruyen más valor del que generan.
- Dejar de sostener artificialmente industrias que ya no tienen futuro.
- Dejar de postergar inversiones que reducen riesgos y generan crecimiento limpio.
Un DOGE Ecologista redefine la palabra “eficiencia”: no es gastar menos, sino gastar mejor para preservar el único activo que no podemos reponer: la biosfera.
Como la OCDE lo dijo: “La naturaleza es el activo más valioso del planeta, y lo estamos destruyendo a un ritmo sin precedentes.”
El Solarpunk como Narrativa Estética y Económica
El movimiento Solarpunk suele verse como una estética optimista, pero su verdadero aporte es narrativo: propone que el desarrollo tecnológico, la prosperidad económica y la regeneración ecológica pueden coexistir y potenciarse.
Es lo opuesto a la retórica apocalíptica CyberPunk. El Solarpunk plantea una transición basada en:
- Abundancia renovable
- Ciudades verdes y productivas
- Infraestructura descentralizada
- Democratización de la energía
- Economía circular
- Optimismo pragmático
- Innovación accesible
- Comunidades resilientes
Un DOGE Ecologista toma este espíritu y lo vuelve política pública, convirtiendo la narrativa futurista en estrategia económica.
La Pregunta Más Incómoda (y Liberadora)
Si mañana quitamos los subsidios a combustibles fósiles y las empresas internalizan sus daños…
- ¿Cuánto más rápido avanzarían las renovables?: A un ritmo exponencial.
- ¿Cuánto bajaría el costo de producir localmente?: Se volvería inmediatamente más competitivo.
- ¿Cuántos nuevos sectores económicos surgirían?: Decenas.
- ¿Cuánto ahorraríamos en salud, infraestructura y pérdida de biodiversidad?: Billones.
Aceptar esta lógica no es ideología. Es inteligencia económica.
Que el Optimismo Vuelva a Ser Corajudo
La transición ecológica no debe ser entendida como un sacrificio. Es la única estrategia de prosperidad realista del siglo XXI. Requiere coraje e imaginación, y sobre todo, dejar de financiar un modelo que ya fracasó.
Eficiencia no es gastar menos, sino gastar mejor. Y nada es más escaso, y a la vez necesario, que la biosfera.
Un DOGE Ecologista no ordena desde el fanatismo, sino desde la sensatez: si vamos a ajustar, ajustemos donde tiene sentido histórico, económico y moral.
El DOGE Ecologista es una estrategia económica para asegurar prosperidad dentro de los límites planetarios. Permite mejorar la eficiencia del gasto, reducir riesgos sistémicos, acelerar la transición energética y fortalecer la competitividad futura.
El futuro puede ser próspero, equitativo y equilibrado. Ese futuro requiere gestionar mejor los recursos limitados que tenemos. Necesitamos más eficiencia: alineando la economía con la realidad biofísica del planeta y liberando recursos para las nuevas oportunidades del siglo XXI.
«para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras»
Para mas información sobre subsidios a la indutria fósil en argentina, dejo informe de FARN: https://farn.org.ar/documentos/los-subsidios-a-los-combustibles-fosiles-2023-2024/
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